Casas pasivas: adiós a la hipoteca energética

Casas pasivas: adiós a la hipoteca energética

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¿Tu casa es una cafetera o un termo?
Seguramente si conoces lo que son las casas pasivas, sabrás la respuesta; si no, debes saber que cuando compras una casa, además de una hipoteca financiera, esta tiene también una hipoteca energética.

El coste de las viviendas va más allá de su construcción. El mantenimiento y la energía como la electricidad o el gas que tenemos que contratar para tener calefacción y aire acondicionado o realizar nuestras tareas domésticas generan un gasto fijo del que hoy día no nos podemos desprender, dependemos de la energía para tener calidad de vida.

¿Por qué ocurre esto?

Nuestras viviendas pierden el aporte de energía que le damos por paredes, suelos, techos y ventanas, que están mal o insuficientemente aislados, y por carpinterías que permiten entradas de aire. Un ejemplo bastante claro es el de la cafetera y el termo. La cafetera conserva el calor mediante resistencias eléctricas en constante funcionamiento y conectada a la energía eléctrica: se trata de un principio activo. Por otra parte el termo conserva el calor gracias a sus propiedades de aislamiento térmico: por lo que se trata de un principio pasivo. Si nuestras casas son más termos que cafeteras, reduciremos al máximo la demanda de energía. Son las casas pasivas.

Esta idea, que parece tan simple, no está arraigada en nuestro país y es una de las claves para ser respetuoso con el medio ambiente y ahorrar dinero en mantener el confort de nuestras casas. A día de hoy, podemos decir que todo edificio que no parta de una buena envolvente (paredes, suelos y techos) bien aislados y controlen las entradas indeseadas de aire nacerá obsoleto.

Nos encontramos en un momento histórico en el cual existe la percepción social de que algo debe cambiar.

La profunda crisis económica mundial hace que nos preguntemos si son válidos muchos de los procedimientos empleados hasta hoy. El cambio climático y la existencia limitada de petróleo nos invitan a tomar posiciones y aplicar principios de precaución que aminoren nuestra dependencia energética y el impacto medioambiental.

Las casas pasivas nos proponen construir para consumir el mínimo de energía posible, que en definitiva, es pagar lo mínimo posible en nuestras facturas de luz, gas, etc. La mayoría de las personas son capaces de hacer mil números antes de adquirir o construirse una vivienda que, para la mayoría, es la mayor inversión económica a lo largo de la vida. Sin embargo, aún son pocos los que se preguntan por el consumo de energía sin darse cuenta del sobrecoste mensual y anual que puede llegar a suponer desde el mismo momento de la compra. Debido a la larga vida de los edificios y el aumento del precio de la energía, en los próximos años un factor determinante en la compra de cualquier inmueble será la hipoteca energética que tendremos que sumarla a la hipoteca tradicional. Por otro lado, en pocos años, nuevas normativas presionarán a la baja el precio de viviendas poco eficientes por lo que será una mala inversión.

Los principios básicos de las casas pasivas son:

– Un superaislamiento. Es decir espesores de paredes y techos que triplican los usados tradicionalmente en nuestro país.
– Eliminar los puentes térmicos o, lo que es lo mismo, aquellas zonas de la casa que carecen de material aislante debido a soluciones constructivas y que son una pérdida de energía constante. Imaginad una nevera de corcho para mantener alimentos, pero que, como tenemos que transportarla tiene un asa fijada a ambos lados perforando el material y quitando corcho de esa zona. En todo el conjunto ese punto es un puente térmico. Hay un principio muy importante que se llama la regla del lápiz que consiste en dibujar la piel del edificio con una lápiz sin poder dar un salto o retirarlo del papel en ningún momento, de modo que se encuentren todos y cada uno de esos puntos de conflicto.

– Control de las infiltraciones. Supone controlar las entradas de aire indeseadas.

– Ventilación mecánica son recuperación de calor. Consiste en introducir aire dentro de la casa filtrado y en mejores condiciones de calidad. Por ejemplo, si estamos en invierno y el aire de fuera está a 10ºC y dentro estamos a 23ºC, cruzamos en una máquina el aire viciado de dentro con el nuevo de fuera para que le aporte solo el calor necesario para introducirlo a mayor temperatura y de manera gratuita.

– Ventanas y puerta de altas prestaciones, ya que son las zonas más débiles de la envolvente por lo que conviene poner vidrios dobles o triples con gases en sus cámaras de aire y marcos muy aislantes como los de PVC.

– Optimización de las ganancias solares y del calor interno. Todo esto parte de una buena orientación de nuestro edificio. El sol sale por el Este y se pone por el Oeste muy tumbado hacia el sur en invierno y muy alto en verano, por lo que en el norte nunca dará el sol directamente; y, en la cara sur, es fácil protegerse en verano y aprovecharse en invierno. Cada fachada tendrá que tener unas características especiales.

¿Cuánto cuestan las casas pasivas?

El uso de equipamientos y materiales necesarios para construir una casa de estas características hace que se mueva entre los 900€ y los 1.200€. Se estima que con un sobrecoste respecto a la construcción normal entre el 5% y el 10% o, lo que es lo mismo, para una casa de 100m2 6.500€, aproximadamente. Pero tenemos que tener en cuenta que estas viviendas permiten una reducción de hasta el 70% a la factura energética y que una casa española gasta de media 990€ al año en energía. De la cual, la calefacción suele ser la mitad y en viviendas unifamiliares (casas con jardín y aisladas en la parcela) puede llegar al 71%. Por lo que se calcula que supone un ahorro que se cuantifica “entre los 510 y los 1.020 euros al año”, según el Institut Passivhaus.

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